‘Algunos retrasos’ dice uno de los artículos que leí sobre lo que provocó la medida de desincorporación de 7 aeronaves de líneas aéreas venezolanas por parte del INAC el pasado fin de semana, pero lo que vivimos quienes viajamos durante esos días lo podríamos catalogar de otra manera.
Este fin de semana fui a la Isla de Margarita aprovechando un pasaje que tenía comprado para un viaje en diciembre que no realicé. Los problemas que viene arrastrando Aeropostal desde hace meses fueron ignorados por nosotros por el simple hecho utilizar esos boletos pero hubiese sido preferible comprar en otra aerolínea y no pasar el mal rato que pasamos nosotros y el resto de quienes volaban en la pesadilla de Aeropostal.
7 aviones, uno de Aeropostal el único con el que estaba operando, 4 de Aserca y 1 de la estadal Conviasa fueron retirados del parque activo nacional por no cumplir el plazo dado por el instituto que rige la materia que exigía la modernización de la flota antes del 18 de abril. La modernización enmarcada en las Regulaciones Aeronáuticas Venezolanas 121 y 153 que entre otras cosas exige la incorporación de Voice Data Recorder (el cual graba las conversaciones en cabina y no solo las comunicaciones entre cabina y controladores aéreos) y Flight Data Recorder (que registra los parámetros como velocidad, altura, potencia de motores).
La situación causó no solo retrasos sino cancelación de vuelos con las consecuencias que esto trae consigo: pasajeros varados y sin compensación, largas listas de espera, manifestaciones en los aeropuertos y para completar se sumaron los controladores aéreos que con una operación morrocoy exigían mejoras en sus condiciones laborales.
Veremos como evoluciona esta crisis en la aviación venezolana y pensando calmadamente días después, llegamos a la conclusión que si es por seguridad es mejor quedarse pisando tierra.
