Este fin de semana iremos a la Isla de Margarita en un plan muy diferente. Ya les he hablado de la Margarita lujosa, la de bajo presupuesto y ahora me tocará conocer la Margarita playera, deportiva y ecoturística. Nos hospedaremos en un hotel a orillas de Playa El Yaque, una playa con viento constante, de baja profundidad y sin olas, adorada por los amantes del windsurf y kitesurf que vienen de todas partes del mundo. De hecho, esta incluida en el Top 10 de las mejores playas para practicar estos deportes.

Qué nos espera en El Yaque
El Yaque está a 8 km del aeropuerto. Es un pueblo con unos mil habitantes en su mayoría pescadores y prestadores de servicios turísticos desde que empezó el auge del windsurf. La playa, de un poco más de un kilómetro, esta bordeada por hoteles y posadas muy diferentes a los que se consiguen en el resto de la isla. Están enfocados en recibir al turista amante de la naturaleza y los deportes de viento. Ofrecen churuatas en la orilla donde tomar una agradable bebida tropical y disfrutar de comidas principalmente basadas en pescados y mariscos.

El Yaque además de ser perfecta para el aprendizaje del windsurf y kitesurf por su baja profundidad también es apropiada para el disfrute de los niños.
La playa se ha vuelto muy popular en estos últimos años y es frecuente conseguirse con fiestas y eventos durante temporadas altas, algo que no me llama mucho la atención. Sin embargo, en meses de poca afluencia de visitantes es perfecta para descansar y disfrutar de su brisa perenne.
En la ciudad de Valencia (VE) han colocado peculiares avisos promoviendo el uso de “vestimentas decentes”:

El anuncio de la Gobernación del Estado Carabobo sugiere que las causantes de las violaciones sexuales son las mujeres por andar exhibiéndose en diminutos trajes de baño, conocidos en Venezuela como “hilos dentales” y no los enfermos sexuales que delinquen con la mujer que se le antoje así tenga un suéter cuello tortuga.
No es un mito que Venezuela esté sumergida en una crisis de inseguridad sin precedentes y que no se percibe voluntad política para contrarrestar este flagelo. Los venezolanos y visitantes para evitar robos podemos dejar de usar prendas de oro llamativas, para evitar el hurto de vehículos y cualquier otro crimen podemos seguir las recomendaciones que da el órgano de policía judicial en su sitio web. ¿Pero sugerir que los culpables de las violaciones son las mujeres por su vestimenta? Esto es, sencillamente, una muestra de ignorancia.
Comenzaremos el día de hoy con buenas olas. Este video forma parte del programa Sun Desafios de Sun Channel, un nuevo canal de televisión por cable venezolano dedicado al turismo que ya se empieza a ver en otros países y sin duda ayudará a promover esa actividad en la región con contenido cien por cien original y sin enlatados.
Choroni también forma parte de las costas aragüeñas. Anteriormente hablamos de Cata y Cuyagua pero Choroni es como el más popular de todos, atrae más turistas, más grande y con muchas más posadas, restaurantes y facilidades.
Yo me quedo con Cuyagua sus carpas y su río.
Con ustedes el video: Surfing Choroni. Con el malecón reventado con olas grandísimas.
Luego más detalles de este pueblo aragüeño.
Cata es una de las playas más bellas de Venezuela. Para llegar ahí hay que pasar una carretera estrecha y tortuosa que atraviesa las montañas del Parque Nacional Henry Pittier desde Maracay, capital del estado Aragua. El camino es fuerte pero se olvida al llegar a la Bahía de Cata. Una playa a la cual la naturaleza le dio esa forma de semicírculo, aguas cristalinas, muchos cocoteros y arena blanca y fina.
En Cata las opciones de alojamiento de primera son escasas pero hay muchas posadas o albergues disponibles a precios muy económicos. También es posible alquilar casas o apartamentos por días. Una de las recomendadas es la Posada de la Costa Eco-Lodge, ubicada en El Playón a 10 minutos de la playa de Cata. Esta posada cuenta con 26 habitaciones, restaurant con especialidad en pescados y mariscos, piscina, jacuzzi y estacionamiento. El precio depende de la temporada. Por ejemplo, para esta que finaliza el 15 de enero la habitación matrimonial cuesta 150 mil bolívares por noche (US$70). Pueden obtener más información esta posada en su sitio web o por llamando a sus dueños el Sr. Victor Tarulis y la Sra. Libia Ríos a los teléfonos: 0243-9931986; 9931409 o el celular 0414-4600655.
Desde Cata podemos acceder vía marítima a través del alquiler de una lancha en la bahía a otras playas hermosas y paradisíacas como Catica, Ensenadas de Chuao, Café, Puerto Maya y La Ciénaga. En esta última pude practicar Kayac, snorkeling, ski acuático o comer en su restaurant un delicioso pescado fresco.
Vía terrestre puede llegar a Cuyagua, otra de las hermosas playas de la costa aragüeña de la que hablaremos en otra oportunidad.
Suelo ir con los amigos a Cuyagua, una playa en la costa del estado Aragua en Venezuela, muy concurrida por gente joven como yo
Se cumplía nuestra primera mañana en la playa luego de pasar la noche hablando, bailando y durmiendo “cómodamente” en carpa. Muy cerca y detrás de nuestra carpa estacioné mi carro, al cual de vez en cuando echaba un ojo tanto por seguridad como por temor a que se quedara enterrado en la arena, situación que les había pasado ya a nuestros vecinos en la playa.
A plena luz del día veo a una pareja dando vueltas alrededor de un Fiat Palio. Ella era muy blanca y pelirroja y su acompañante un señor altísimo, blanco y cabello largo, el doble de Kurt Cobain. Se asomaban continuamente por las ventanas del carro y registraban una y otra vez sus bolsillos. Su aspecto no era el de dos venezolanos criollitos y su ropaje mucho menos. Una mujer venezolana cuando va a la playa luce perfecta, mientras que ésta vestía una franela amarrada en la mitad de su torso; y un hombre venezolano lo menos que usa es un boxer de rayas naranjas para bañarse.
Soy muy ‘curioso’ y no me aguanté. Fui en busca de información disfrazado en un servicial venezolano ofreciendo ayuda. Los harapientos no hablaban nada de español y mi modesto inglés me sirvió de mucho en la pesquisa. Llegaban de Canadá el día anterior, sus maletas se
extraviaron en el aeropuerto de Atlanta donde hicieron trasbordo (por lo menos nos salvamos de esa raya) y no tenían más ropa que la que cargaban encima más unos pantalones que dejaron dentro del auto.
Al principio desconfiaron de nuestra colaboración (yo también lo haría) y en medio de la conversa inicial nos dijeron que uno de ellos se metió en las revoltosas aguas cuyagueras con la llave del carro rentado enganchada a los seguros que traen algunos shorts y siguiendo la Ley de Murphy: Las perdieron.
A mi me acompañaban una amiga y un amigo que también se acercaron a intentar abrir el carro para sacar los papeles donde están los teléfonos de emergencia de Avis, la compañía donde lo alquilaron. Intentamos por todos los medios abrir el carro con ganchos y palos al estilo Mc Giver pero no pudimos. Lastima que la playa sea tan segura que no había ningún ladrón que nos ayudara a abrir el carro en 5 segundos, ellos si saben de esas cosas. En una de esas, mientras nos burlábamos de nosotros mismos por la incapacidad delictiva, el canadiense tomó una piedra y la aventó contra uno de los vidrios de carro, sin aviso previo, sin advertencia. La cara de nosotros era de: “Este carajo está frito” y temimos por un momento por nuestra integridad, ¿Y si a la imitación de Kurt se le ocurra lanzarnos un peñón de esos a nosotros?
Sin duda esa fue la mejor decisión, pasó el susto y sacaron los papeles del auto. Nos comunicamos por mi teléfono con la compañía y serví de intérprete en la negociación de la
emergencia. Quien nos atendió en Avis no hablaba inglés y había que informarle al cliente que debía pagar 50 dólares por el vidrio roto y 350 dólares por la llave perdida. Los turistas aceptaron y cinco horas después llegó un comando de Avis con un carro nuevo para los clientes. Final feliz.
Ellos se quedaron en la noche con nosotros conversando sobre el país, la música y el petróleo. Nos hicimos amigos, intercambiamos correos y ahora nos pasamos fotos de vez en cuando. Ese día estaban maravillados con el servicio en Venezuela, tanto de la empresa Avis como de la ayuda que le prestamos. A la mañana siguiente fueron de nuevo al aeropuerto a buscar las maletas que llegaban y continuaron su viaje a Los Roques y Margarita. En Venezuela se está creando cultura de servicio, poco a poco, pero se está creando.
