
De regreso en Venezuela luego de un viaje a Miami que me ha dejado muy cansado, con mucho sueño acumulado y ganas de regresar.
La época ochentosa del ‘ta barato dame dos’, donde los venezolanos se compraban todo Miami, se repite en tiempos revolucionarios tal y como sucedía con en la bonanza de los años 70 y 80 pero con ciertas diferencias: el limite en los dólares que se consumen: 5 mil al año y que muchos de los que viajan en uno de los 10 vuelos diarios al sur de la Florida desde Caracas se quedan como inmigrantes. Miami es Latinoamérica, esta lleno de personas provenientes de todos los países latinos, muchos venezolanos, nicaragüenses, salvadoreños, argentinos y demasiados cubanos. Sus historias las cuentan con emoción y en sus ojos se nota lo mucho que añoran su país, su gente y lo alejado que sienten un regreso a donde pertenecen originalmente.
Llevan a su nueva tierra panaderías venezolanas, churrasquerías brasileras, parrillas argentinas para conseguir esos detalles que le recuerdan a su país. La vida del inmigrante es muy ocupada pero estoy seguro que todos los días sienten en su corazón a su país por más lejos que estén.

