Desde el sábado 1º de septiembre el Hotel Caracas Hilton cambió oficialmente de nombre y paso a ser el Hotel Alba Caracas. Un hotel con más de 38 años de historia, que incluyeron momentos de esplendor cuando en el se alojaban dignatarios y celebridades que venían Venezuela procedentes de todo el mundo, o cuando se celebraban fiestas muy recordadas en su Gran Salón y que poco a poco se vio relegado a otros mejor ubicados por las deficiencias de seguridad de la zona donde se encuentra y la falta de mantenimiento en de sus instalaciones que constatamos en una visita que realizamos el año pasado y que nos hizo saber como el hotel era digno escenario de una película de terror.
Este hotel propiedad del estado venezolano fue manejado por la franquicia Hilton y posee 900 habitaciones, de ellas solo 700 están disponibles para reservas. Con el fin de la concesión se crea una ‘empresa de turismo socialista’ que plantea ofrecer sus servicios a todo el pueblo con descuentos en habitaciones de 50% sobre la tarifa comercial y que será comercializada a través de paquetes. Las ganancias del hotel estarán destinadas al desarrollo de proyectos comunitarios y sus empleados serán recontratados por el estado, noticia que de alguna manera da continuidad en el aseguramiento de la calidad porque aunque el hotel estaba desmejorado en su planta física, la mística y buen servicio de sus trabajadores era admirable.
Más allá del cambio de su razón social el trabajo que viene ha de ser fuerte y antes de juzgar debemos apoyar. Nos gustaría visitar en un futuro el Alba Caracas y ver un hotel totalmente renovado y lleno de la vida que en algún momento le fue arrebatada.
El hecho que a mi no me gusten esos hostales con mil camas en una habitación donde se comparte el sueño y el baño con desconocidos no significa que a otros no les llame la atención. De hecho, confieso que cuando veo las tarifas de este tipo de alojamientos en el exterior me da mucha curiosidad y mi instinto tacaño aflora. He pensado ir a New York y ya sé características sobre su afamada industria hotelera, cuchitriles de 9 metros cuadrados por 200 dólares por noche no es algo que le atrae mucho a mi bolsillo.
Pero la privacidad se paga y a los venezolanos nos mal acostumbraron a disfrutarla. Ir a New York y quedarse en el Plaza era algo común para un paisano a principios de los ochenta. De hecho fue la época cuando nos ‘mojoneamos’ y empezamos a importar whisky, ir los fines de semana a Curaçao a comprar quesos y perfumes y hacer las compras navideñas en Miami porque allá era barato. ¡Que tiempos aquellos!
Las cosas cambiaron, vino la crisis macabra y los venezolanos dejamos de ser tan presumidos. Los viajes al exterior se redujeron y solo unos cuantos podían quedarse en el Biltmore. ¿Pero quedarse en un hostal? Jamás. (o por lo menos no lo decían)
Hoy también hay crisis y viajar al exterior no es el común divertimento. Además, cuando lo podemos hacer tenemos que estar anotando cuantos dólares nos hemos gastado para no sobregirar la tarjeta o el nefasto cupo CADIVI. Dios nos libre de tener que enfrentarnos a los burócratas rojos rojitos. Por esta razón tenemos que buscar hoteles baratos, pasamos por el Ritz de Madrid y suspiramos y nos hospedamos melancólicos en uno mono-estrellado.
El asunto de la privacidad es tan arraigado en nuestro subconsciente que en Venezuela solo dos o tres destinos disponen de hostales y obligamos a los mochileros extranjeros a quedarse en el Intercontinental. En Caracas no hay (ni me quiero imaginar lo que pasaría si abren uno); en Isla de Margarita hay unos cuantos pero solo con habitaciones privadas. Solo Los Roques y Mérida disponen de unos cuantos del tipo con habitaciones comunes.
Eso sí, hay una cultura de posadas creciente y de calidad, casas de familia que ponen su empeño en ofrecer comodidad, buena comida y el intercambio cultural que les podría dar un hostal.
¿Será que algún día llegamos a tener algunos más? Sería un gran negocio.
El Gran Meliá Caracas sería perfecto si estuviese en otra ubicación. Estar tan cerca del caótico Bulevar de Sábana Grande le quita cierto encanto. Estamos claros que esta situación no depende en lo absoluto del hotel pero la gerencia del Meliá ha puesto énfasis en la seguridad dándole al huésped mucha tranquilidad en este ámbito. Al gobierno local es a quien lo toca devolver Sabana Grande a todos los caraqueños, liberando ese emblemático bulevar de la economía informal y los problemas de seguridad que trae consigo.

Al entrar al hotel simplemente cambia la atmósfera y nos sentimos lejanos a la bulliciosa calle que dejamos atrás. Pisos de mármol, suntuosa decoración en todo el lobby con antiguas alfombras españolas, una concha marina cubierta de oro enmarcada en la recepción, elegantes lámparas de cristales checos y el bar del lobby coronado por un techo estilo jaula en bronce. Definitivamente mucho lujo y muy bien apreciado, el lobby es bien concurrido por celebridades y personalidades del mundo político. Conseguirse con Gustavo Cerati en el ascensor, no tiene precio.
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Hace poco nos aventuramos a visitar este hotel, sin invitación, pero con comentarios previos que nos ponían predispuestos a conseguir mal servicio. No obstante, las cosas no siempre son como te las pintan. La experiencia fue totalmente diferente y gratificante.
Ya he hablado de lo mal ponderados que están los hoteles en Venezuela, un cinco estrellas aquí puede ser uno de cuatro o tres en Europa pero el Radisson Plaza Eurobuilding Caracas esta fácilmente enmarcado en lo que fijo como un estándar de lujo, o sea tiene ganadas cada una de sus estrellas.
Este hotel anteriormente llamado Eurobuilding Caracas ahora está asociado a la cadena Radisson y de allí viene su largo nombre. Esta venta le hizo mucho bien, invirtieron en reformar habitaciones y áreas sociales y el resultado es magnifico.
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El Hilton Caracas es propiedad del gobierno venezolano y manejado por el Centro Simón Bolívar. Es el principal hotel usado por el estado para alojar a personalidades, invitados, delegaciones y demás visitantes extranjeros. Es la tercera imagén que se graba en la mente, la primera es el aeropuerto, la segunda la trocha y la tercera el hotel.
Da pena pensar que cientos de visitantes se quedan allí y viven en el deterioro, el descuido y la decadencia en carne propia.
Aunque no podemos negar que es el hotel grande más cercano al centro de poder político de Venezuela, este sin duda merece un cierre y remodelación total, desde el lobby hasta el último piso.
Al llegar te dan la bienvenida en un lobby donde se nota claramente la falta de limpieza regular. Pisos sin brillo, tabaquerías inconclusas, deficiente iluminación son alguna de las deficiencias. Eso sí, merece un halago el personal de recepción que diligentemente hacen el check in con rapidez y buen trato, al igual que el personal del Lobby Bar, muy atentos también. Se nota que lo quieren hacer bien.
Eso sí, en ese Lobby Bar no hay mucho que escoger en cuanto a entremeses se refiere: tequeños, queso manchego o hamburguesa, quien preparo la carta debe ser una genialidad culinaria misión bolivariana de alta cocina.
Y llegamos a la habitación
No me gusta hablar mal de nadie pero se me hace tan difícil no hacerlo de este hotel y no lo hago por la falta de mopa en el lobby o porque no había nada rebuscado y exquisito en el Lobby Bar, lo hago por el olor de la habitación: Eso hiede a Unión Soviética en pleno ocaso. ¿Han visistado alguna vez un circo, justo en el espectáculo de los tigres y leones? A eso huele esa habitación: ¡a tigre!. Una mezcla de naftalina con alfombra mojada que no es fácil soportar.
Baño con baldosas viejas y mohosas, el pomo de la puerta oxidado te hace pensar en ponerte una vacuna antitetánica después de agarrar eso. El mobiliario es viejísimo, al igual que las sábanas y cobertores.
Creo que aún tiene salvación y lo digo por el buen trato del personal, hay que darle una mano a ese hotel que cuenta con un edificio agradable a la vista por fuera pero desagradable por dentro.
Conclusiones:
Visítenlo solo si el gobierno los invita gratuitamente. No vale la pena pagar mas de $100 por oler a tigre.
Se destaca solo por:
Clasificación Primera-Clase.com
Infraestructura y servicios

Alimentos y bebidas

Staff

Final

Evaluado por:
Antonio Jordana
email: ajordanah[arroba]primera-clase.com

