La revista Travel+Leisure del mes de enero, (offtopic: La cual llega a mi casa con 15 días de atraso gracias a mi ‘estupendo’ courier) trae una breve historia de la comodidad en el mundo del viajero que comienza desde la invención de los zapatos en año 8000 A.C., pasando por el primer asiento de bicicleta con amortiguación en 1845, el primer hotel moderno en Boston: The Tremont House en 1829 hasta el primer asiento-cama en un avión introducido al mercado por British Airways en 1996.
De toda la lista mis favoritos son el lanzamiento de Tums en 1928, el primer antiácido que permitió a todos ‘comer sin miedo’ y Dramamine contra los mareos en 1948 que agradezco enormemente a quien lo inventó porque en mi infancia era experto vomitando en carreteras y ferrys (aunque yo tomaba Primperan).
Otro invento interesante fue el lanzamiento de las tarjetas magnéticas que reemplazaron a las llaves metálicas en los hoteles y eliminaron esas paredes de la recepción llenas de llaveros y números gracias a VingCard en 1979 o el primer vuelo de larga distancia con películas cuyo precursor fue Scandinavian Air Services (SAS) en 1968.
La salida del Walkman en 1977 es reseñada por la revista pero se les olvidó incorporar el iPod de Apple, aunque este fue una evolución la idea original de Sony, no estaría de más incluirlo.
El artículo en inglés: Comfort in the Traveler’s World
En Juan Griego, al norte de Margarita, está el Fortín de La Galera, una edificación construida para proteger la bahía durante la colonia. Hoy muchos turistas se echan el viaje hasta allá para comprar en las tiendas del boulevard donde, según un mito urbano, es más barato, ir a las ruinas del fortín y ver el atardecer más bonito de la isla.
Tanto en el fortín como abajo en la bahía es común ver a niños margariteños que cuentan la historia de Juan Griego y de la isla a cambio de alguna propina. Aunque pensaba que estos eran niños de la calle, quien me contó la historia no lo era. Su nombre es Jorge tiene 11 años y vive en Juan Griego con su papá y mamá. Él estudia quinto grado y ambos padres trabajan. Cuando le pregunté por qué contaba la historia a los turistas me respondió que todos los niños se la saben y todos quieren contarla por dinero.
Como yo, ustedes también se preguntarán qué hace un niño sin camisa en la calle pidiendo dinero a cambio de contar un cuento, pero poniéndome en el lugar de Jorge, si fuera margariteño también andará contando la historia sin camisa, en plena playa y usando el dinero para comprarme un helado como en efecto lo hizo Jorge cuando yo le di los cinco mil bolívares.
Con ustedes el video de Jorge contando la historia margariteña, tradición que vale la pena escuchar cada vez que se pasen por Juan Griego.
