Según los resultados de una investigación reciente, los eco-turistas que viajan a la Antártida se suman al problema del calentamiento global que está derritiendo los casquetes polares.
El Polo Sur se ha convertido recientemente en un destino turístico popular, con más de 40.000 de visitantes que llegan a la zona cada año. La mayoría son viajes en barcos de crucero para ver las capas de hielo y la fauna silvestre, como los pingüinos.
Pero se teme que la afluencia de estos eco-turistas estén causando una “horrenda” contaminación, tanto por el combustible de los buques y la generación de basura, así como por perturbar la vida silvestre en uno de los últimos paisajes vírgenes de la Tierra.

Los eco-turistas causan problemas al viajar a uno de los últimos paisajes vírgenes de la Tierra
El investigador neerlandés Machiel Lamers, quien fue comisionado por la Organización de los Países Bajos para la Investigación Científica para estudiar los impactos ambientales del aumento del turismo en la región polar, dijo que incluso podría hacer que el calentamiento global empeore.
Los visitantes a esta masa de tierra cubierta de nieve no sólo ponen en peligro la región antártica con sus acciones, sino también al resto del mundo. Los 40.000 eco-turistas que visitan el Polo Sur cada año causan enormes emisiones de gases de efecto invernadero.
El turismo es una industria en auge en la Antártida. Mientras hace sólo 20 años más o menos unos pocos cientos de turistas partieron hacia el Polo Sur, más de 40.000 almas inquisitivas viajaron hasta el extremo meridional de la Tierra el pasado invierno.
Por cierto, dos semanas de crucero de la Antártida cuestan en la actualidad alrededor de US$ 5.500.
A este respecto Lamers dijo que los beneficios del turismo en la Antártida deben ser equilibrados con el impacto ambiental.
Si bien el turismo en el Polo Sur tiene muchas ventajas que ofrecer, esta afluencia cada vez mayor causa una contaminación horrenda.
El Polo Sur está gestionado por un consorcio internacional de países, pero nadie está realmente al mando. No hay una política que establezca los límites para el turismo.
La Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos ha impuesto estrictos protocolos de bioseguridad para mantener fuera los insectos y las semillas, y se ha comprometido a respetar el medio ambiente.
Sin embargo, el Lamers dijo que se necesita un tratado internacional vinculante que limite el número de turistas y los desembarques permitidos en la Antártida.
Es hora de establecer normas claras; los acuerdos vagos ya no son suficientes.


Additional comments powered by BackType