Equipos de rescate encontraron hoy las cajas negras del avión ruso Tupolev-154, precipitado ayer a tierra en Ucrania, que causó la muerte de 170 personas, según anunció el ministro de Transporte ruso, Igor Levitin, en el lugar del accidente.
Unas 470 personas de Rusia y Ucrania trabajaban en la localidad de Suha Balka, 45 kilómetros al norte de la ciudad de Donesk, en la recuperación de cadáveres, mientras seguían las distintas versiones acerca de la causa del siniestro.
La aeronave de la compañía rusa Pulkovo -que transportaba, principalmente, a turistas- había partido del balneario ruso de Anapa, junto al Mar Negro, hacia San Petersburgo.
Las autoridades rusas creen que la causa de la tragedia fue un rayo que cayó sobre el fuselaje del avión.
La tripulación envió cuatro mensajes de alarma antes de que su señal desapareciera, según las autoridades aeroportuarias.
“El avión iba dando vueltas sobre su propio eje en la caída”, dijo el joven Sergei Melnikov, alumno de la escuela de Suha Balka, que recordó que el mal tiempo había oscurecido completamente el cielo en la zona.
Controladores aéreos ucranianos explicaron que el piloto había pedido permiso para variar el rumbo a causa de la tormenta.
Quizás el Tupolev, que iba lleno, voló demasiado alto y por eso entró en barrena, dijo un experto aéreo ruso a la agencia de noticias Interfax.
Medios rusos aseguraron que el avión llegó hasta los 11.500 metros, al parecer una altura superior que a la máxima práctica para un Tupolev 154.


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