La península meca fue uno de los primeros destinos turísticos que despuntaron en Galicia. Muchos locales que vivieron aquel despertar siguen abiertos. Y a la última
No es lo mismo tener historia que ser viejo. Ni tener antigüedad que ser antiguo. Y para comprobar la veracidad de esa afirmación basta con echar un vistazo a la flota hotelera de O Grove. Uno de los primeros destinos turísticos de Galicia conjuga en su territorio hoteles recién hechos -los menos, la verdad- con otros que llegan a contar la historia de ochenta años. Y, entre esos extremos, se sitúa una larga lista de establecimientos que oscilan entre los 20 y los 40 años de vida.
Y casi todos ellos han envejecido bien. El presidente de la Asociación de Hostelería, Jorge Olleros, reconocía ayer que «aquí se está a facer un esforzo impresionante para actualizar os establecementos e telos todos impecables». «A xente sabe que ten que apostar pola calidade, e a gran maioría estano a facer».
Hace unos años, recuerda el presidente de Hostelería, una marea renovadora salpicó a casi todos los hoteles grovenses. Y aquellos que se mojaron más lograron ascender en la cuenta de las estrellas. «Moitos fixeron un esforzo por acadar a terceira estrela, e conseguírona», explica. Ahora, aunque predominan los locales que lucen dos muescas de calidad junto a sus nombres (alrededor de una veintena), las tres estrellas brillan en los carteles de una decena de hoteles grovenses. Y de ahí para arriba. La nómina de la gama alta también ha crecido: tres hoteles lucen las cuatro estrellas -Louxo, Isla de La Toja y Mar Atlántico- y el Gran Hotel muestra con orgullo las cinco.
Las estrellas son un buen indicador de los esfuerzos que ha realizado el sector hostelero de O Grove. Estrellas con las que se premia a los hoteles han puesto todas sus ganas y muchas inversiones en mejorar sus servicios.
En un municipio que carece de piscina pública, abundan los establecimientos que ofertan a sus turistas un lugar donde darse un chapuzón. Algunos, incluso, permiten elegir si el baño se da a cubierto o al aire libre. Pero para poder actualizarse construyendo una piscina hay que tener espacio, y no todos los hoteles pueden crecer a lo ancho. Por eso, han buscado alternativas. Desde solariums hasta masajes. Desde un servicio de comedor irresistible, hasta unas habitaciones dotadas de todas las comodidades. Lejos quedan los tiempos en los que «tener agua corriente en las habitaciones era un lujo», como ocurría cuando se inauguró Casa Campaña.
El tiempo ha pasado, es cierto, y los hoteles han ido pasando de padres a hijos. «Os hoteis do Grove pertencen a xente daquí, son empresas familiares que teñen empeño en xenerar riqueza para eles, obviamente, pero tamén para o resto do pobo», decía ayer Olleros. Por eso, considera que la Administración tendrá que ser especialmente sensible con la hostelería meca. Llevan años ganándose ese respeto.


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