Acallado el vértigo de la hora de mayor tránsito, y después de paradas para tomar algunas instantáneas y comer algo, Chen Guo Lin finalmente se detiene a descansar en los jardines fragantes de Chateau Fontainebleu, París, donde Napoleón Bonaparte reposaba entre campañas militares.
La turista dice haberse conmovido por el ni hao —“hola” en chino— con que el personal francés la recibió en el aeropuerto Charles de Gaulle cuando su grupo llegó en la víspera. Ahora se maravilla de la tranquilidad que reina en Fontainebleu.
“Si esto estuviera en China, habría gente por todos lados”, comentó.
Por sobre todo, su primer día fuera de China le enseñó una lección: al llegar a París, primera escala de un viaje de 15 días por Francia y España, pudo confirmar que su país está en alza.
“Realmente, no siento que haya diferencia alguna entre el mundo exterior y China”, dijo Chen, ingeniera de construcción. “Ver otros sitios te hace querer a tu país todavía más”.
Viaje tras viaje, una revolución en el turismo chino está haciendo tanto como la diplomacia y el comercio de miles de millones de dólares para tender puentes entre China y Occidente.
Provistos de cámaras digitales y videocámaras, y todavía conectados con sus hogares por teléfonos celulares, una legión de chinos ávidos de experiencias nuevas, contactos con otras culturas y compras está invadiendo países que hasta hace unas pocas décadas les resultaban tan inaccesibles como la Luna.
El año pasado, los chinos por primera vez superaron a los japoneses como los principales viajeros en Asia, con 20.2 millones de visitas a los países de ese extenso continente, dice la administración china de turismo.
Oleada en Europa
Europa se apresta a recibir la oleada china luego de concretar un pacto de turismo que simplifica los procedimientos de visas para los grupos de turistas chinos y permite a las agencias de viaje chinas publicitar destinos europeos.
El impacto del acuerdo, que entró en vigencia el 1 de septiembre, promete ser significativo: Francia, el destino turístico número uno del mundo, espera atraer hasta 1.5 millones de chinos el año próximo, en comparación con los entre 300 mil y 400 mil que la visitaron en 2003.
Por medio de los viajes, los chinos están aprendiendo sobre el resto del mundo, están tomando conciencia de sí mismos y de su país y enseñando a los demás un poco sobre China y su modernización.
“Aparte del idioma, realmente no siento como que hubiese salido de casa. Los comercios están tan provistos como los nuestros, sólo que más caros”, comentó Hua Mingwei, un turista que compraba perfumes junto con su esposa en las Galeries Lafayette en París.
Su única queja: los hoteles no suministran agua caliente para beber.
Agua fría no
“Tienen que pensar en satisfacer más los gustos chinos”, dijo Hua. “Nosotros no bebemos agua fría”.
La pobreza, la historia, la cultura y sobre todo la política demoraron el advenimiento del turismo chino masivo, cuyos efectos empiezan a sentirse desde París hasta Sydney.
Hace apenas unos 15 años, cuando las tarifas aéreas más accesibles abrían el mundo a los turistas occidentales, los pocos que llegaban de China eran mayormente representantes comunistas del estado chino y personas con familiares en el exterior. Para la mayoría de los chinos, la vida más allá de la Gran Muralla sólo era vista de manera muy fragmentada por la televisión y otros medios controlados por el Partido Comunista, que no quería abrir ventanas a Occidente.
¿Y quién podía darse el lujo de viajar al exterior cuando los teléfonos, los televisores y aun las bicicletas eran artículos de lujo?
Conseguir pasaporte requería superar los obstáculos burocráticos. El gobierno no estaba dispuesto a permitir que los ciudadanos gastaran dinero en el exterior y menos que regresaran encandilados por las libertades civiles y políticas y los adelantos de Occidente.
La situación cambió radicalmente.
Las reformas capitalistas y un notable crecimiento económico han puesto al alcance de millones de chinos de clase media ir a esquiar a Corea del Sur, jugar golf en Nevada, ir de compras en Tokio y cenar en Francia.
Todavía siguen llamando a China “Zhongguo”, el Reino Medio, el centro del mundo, pero además de automóviles y muebles modernos, también desean álbumes de fotos de recuerdos de viajes y son atraídos por avisos como uno que publicó el Shangai Morning Post: “Reclusión en un castillo, en el bosque, en una cabaña de troncos. Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo. ¡Visite cinco países europeos en ocho días por menos de 10 mil yuanes!”.
Bien equipados
Eso equivale a 1,210 dólares, aproximadamente, lo que Hu Jie probablemente pagó por la cámara japonesa con la que tomaba fotos en Fontainebleau.
El gerente de una firma de acondicionadores de aire es un viajero experimentado que ha trabajado en Francia y condujo al grupo de 22 turistas que incluía a Chen, la ingeniera.
“China tiene 5,200 años de historia. Cuando uno viaja al exterior, se da cuenta que otros países no pueden competir”, se entusiasmó Song Deliang en su segundo viaje a Europa.
Para 2020, la Organización Mundial de Turismo pronostica que los chinos serán el cuarto contingente más numeroso de turistas en el mundo con cien millones de viajes, sólo detrás de Estados Unidos, Alemania y Japón.
Eso convierte a los chinos en un mercado que la industria del turismo no puede ignorar.


Deja un comentario